Los secretos del Aurora.

Un lugar al que llamar hogar.

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Pasaron varios meses hasta que mi señor y su séquito se hubieran recuperado totalmente de las heridas causadas por las estatuas vivientes de los eldars. En este tiempo, el Aurora se dedicó a recorrer una pequeña ruta comercial entre la estación orbital de Footfall y unas colonias mineras menores, abasteciéndolas de todo aquello que necesitaran.

Cuando hacíamos el circuito de vuelta hacia la que de momento era nuestro puerto base, captamos una llamada telepatica de auxilio. Procedía de un mundo llamado Damaris, el cual solicitaba la ayuda de toda nave cercana para poder hacer frente a un fuerza incursora de orkos.

La situación cuando llegamos era bastante confusa, había fuerzas militares locales, una nave de la armada imperial y dos de otros rogue traders.

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La X marca el tesoro.

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Al fin, después de tanto tiempo persiguiendo este esquivo mundo, de tantos sacrificios y penurias, de tantos muertos, El Aurora divisó la figura del planeta prometido, del mundo conocido como Dread Pearl.

Era hermoso, con enormes mares llenos de vida e islas cubiertas en su totalidad de bosques primigenios y cargados de dulces frutos, en cuyo aire resonaban el millar de cantos de aves nunca vistas.

Por desgracia, no éramos los únicos que nos encontrábamos allí. Varias naves de otros Rogue Traders, que al igual que nosotros habían partido en su búsqueda, habían conseguido llegar a este mundo de belleza, para de inmediato empezar a saquearlo.

Me avergüenza reconocer que Lord Agaton, no era muy distinto al resto de ellos y de inmediato mandó descender a una fuerza de exploración y a sus hombres de confianza para que cogieran y reclamaran todo aquello que pudiera serle de valor a el o al Conciábulo Áureo.

En la superficie, todo parecía tranquilo, y en un principio nos pensábamos que dicho mundo estaba deshabitado, pero nos equivocábamos. Una primitiva cultura humana se había desarrollado en los atolones de los mares de este planeta, adorando a los antiguos que habían creado al mundo y en cuyos templos dejaban ofrendas a la espera de su regreso.

Dejando a los indígenas tranquilos, Alexander, Tatiana y M4L4K41 exploraron el interior de una de las islas, en la cual habían contemplado, al sobrevolarla, la existencia de unas ruinas pertenecientes a una sociedad más avanzada que la de los humanos que allí vivían.

No se extrañaron demasiado cuando comprobaron que dichas ruinas pertenecían a los eldars, puesto que eran muy similares a otras construcciones anteriores, que de ellos se habían encontrado en otros mundos. A pesar de ser antiguos, los edificios habían conseguido sobrellevar el paso de los milenios, y las muchas estatuas que de guerreros que en ellas se guardaban permanecían intactas.

Con una orden, se comenzó a cargar dichas estatuas en los guncutters y se las trasladó al interior de nuestra nave. De repente, una formación de naves de uno de los otros Rogue Traders, empezó a bombardear la superficie del planeta, con cuyo objetivo desconozco.

Entonces, todo empezó a ir mal. Tras el bombardeo, todos los asentamientos que lo habían visto, comenzaron a moverse a una de las mayores islas, dirigiéndose a los restos de un antiguo templo eldar.

Alexander y sus compañeros, se dirigieron hacia dicha isla, con la intención de poder calmar a las tribus y conseguir algún tipo de beneficio, pero allí, surgida de una cegadora luz, apareció una figura vestida con una elaborada y exquisita armadura eldar.

Habló ante todos los que había allí y les apremió a huir mientras pudieran, pues según ella, ese mundo les pertenecía y habían venido a reclamarlo, antes que volviera a quedar aislado del resto de la galaxia por las tormentas de disformidad. Alexander se dirigió hacia la alienígena, apelando a su piedad para con los habitantes del mundo, pero ella o no le escuchó, o no le hizo caso.

Una vez, hubo dicho sus palabras, las estatuas de los guerreros que se habían ido encontrando por las distintas islas, adquirieron vida y comenzaron a disparar sus armas de energía demoníaca hacia cualquiera que se pusiera a su alcance, no teniendo ninguna piedad y sin hacer distinción entre mujeres, ancianos o niños.

A toda prisa y sin mirar atrás, M4L4K41, Alexander y Tatiana, llegaron a su transporte, donde ordenaron a las guncutters del Aurora que regresaran a la nave, pero por desgracia, ya era tarde para esos hombres.

Una de las guncutter se encontraba en llamas en la misma orilla en la que había aterrizado y los restos carbonizados de sus tripulantes se encontraban esparcidos por las blancas arenas de la playa, ahora manchadas de rojo, o flotando a la deriva en las inapropiadamente tranquilas aguas tropicales, de ese mundo. La segunda lanzadera, la vieron flotando a la deriva en una órbita inestable cuyo rumbo la llevaría en poco tiempo a incinerarse a causa de la fricción con la atmósfera.

El regreso a la nave madre, no fue fácil, puesto que al ascender, el Aquila Lander en el que viajaban fue atacado por un caza eldar, aunque gracias a la pericia del piloto y a los rezos de este al Emperador, consiguió eludirlo y salir del planeta.

Mientras todo esto ocurría en la superficie, en nuestra nave sucedía algo muy similar. Las estatuas que se habían cargado y trasladado a una de las bodegas, había adquirido vida y empezado a avanzar por los corredores, disparando y matando a quienquiera que se pusiera en su camino.

Rápidamente se inició un contraataque, pero los alienigenas eran fuertes y resistentes, y las fuerzas de seguridad de la nave solo consiguieron retenerlas en los niveles cercanos a la bodega de carga.

Al final, tras varias horas de lucha y sobre todo, gracias a las pericias marciales y de mando de Tatiana Serevnikova, Alexander Monteblanco y el explorador del mechanicum M4L4K41, se logró derrotar a esos seres y destruirlos por completo.

Pero fue una victoria amarga, he de reconocerlo. Todo por lo que habíamos pasado, todo a lo que nos habíamos enfrentado y todos los que habían muerto, para acabar de este modo, sin nada ganado y mucho perdido.

Extractos de “Diarios de viaje de un tripulante en El Aurora”.

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Dentro del laberinto.

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Sin descanso alguno, pusimos rumbo al siguiente mundo donde esperábamos encontrar la pieza final que de una vez por todas nos guiara hasta el perdido planeta conocido como Dread Pearl. Los nuevos datos de los que disponíamos, nos llevaban a adentrarnos en los Reinos de Winterscale, en la zona del antiguo dominio egariano.

Nuestro navegante nos llevó con rapidez a través de las corrientes del Inmaterium, y sorteó las mayores tormentas disformes que nos salieron al paso. En pocas semanas llegamos al sistema de Egaria Abundus/12 y emprendimos el camino hacia la órbita del planeta clasificado, en nuestras cartas espaciales, como Egaria Omega.

Antes de llegar a la órbita, nos surgió la primera sorpresa que este sistema estelar tenía que enseñarnos. Cerca del planeta, entre un anillo de asteroides, se encontraban los restos de un carguero que había explotado no hace mucho.

Los auxpex, no consiguieron extraer datos suficientes como para deducir si dicha nave había sufrido algún fallo catastrófico, a causa de un impacto de alguno de los asteroides que por allí surcaban el vacío, o que por el contrario habían sido atacados por algún enemigo sin identificar.

Lo que si se detectó, fue una baliza de socorro de un guncutter, que había logrado huir del trágico final de su nave, aunque no consiguiera alcanzar una distancia suficiente para que la explosión de esta no le afectara.

En el consiguiente abordaje se encontraron los cuerpos de un piloto y un miembro importante de la nave de transporte, el cual portaba un documento con las indicaciones de algún tipo de asentamiento sobre la superficie del planeta al cual debían entregar suministros.

Dejando al Aurora a una distancia segura, nuestro señor, ordenó a los integrantes de su séquito que descendieran a la superficie del mundo, hacia las coordenadas marcadas para intentar esclarecer lo sucedido en la órbita alta y con la intención que encontraran la pieza del puzzle que le faltaba, para completar su particular mapa del tesoro.

Al parecer dicho asentamiento era de carácter arqueológico, y estaban escavando alrededor de una ciudad Yu´vath, abandonada hace milenios. En un principio, la situación fue tensa, puesto que la expedición estaba fuertemente armada y preparada ante un posible ataque pirata.

Aunque reticentes, en cuanto supieron de la destrucción de la nave que les traía los suministros, accedieron a hablar con nuestros representantes y se les permitió su acceso a la excavación, para discutir sobre los pertrechos que necesitaban y su precio.

De repente, en la órbita, una nave alienígena aparecida de repente, sin que nuestros sistemas la detectaran, empezó un ataque contra el Aurora, obligándonos a retirarnos a un espacio más seguro, mientras observábamos como decenas de cápsulas descendían a la superficie.

Lo siguiente lo supe por aquellos de los soldados que sobrevivieron allí abajo. Por lo visto, una horda inmensa de xenos, que mas tarde identificamos como Rak´Gol, asaltó el campamento, sobrepasando las defensas del perímetro y obligando a los defensores y miembros civiles a retirarse al interior de la ciudad laberíntica de los alienígenas.

Una vez dentro, consiguieron montar unas barricadas, que impidió el acceso al interior de los Rak´Gol. Parecía que aquella era una situación ideal, puesto que solo deberían encontrar una manera de salir de aquella ciudad, lejos del epicentro del ataque.

Por desgracia, parece que aquellas ruinas estaban abandonadas de la gracia del Dios-Emperador, y que algo habitaba en las largamente deshabitadas ruinas, y poco después de empezar a adentrarse en ellas, una criatura monstruosa comenzó a darles caza.

Tatiana, Alexander y M4L4K41, tomaron el control del grupo de supervivientes y se dirigieron hacia el interior, con la esperanza de encontrar otra salida. Al poco, descubrieron, que la bestia no era el único ser que horadaba esos caminos, sino que una enigmática eldar también estaba allí, siguiendo sus propios y extraños propósitos.

Nuestras fuerzas y la eldar, hicieron frente común y la alienígena los guío hasta una cámara en la que flotaba la maldad de la hechicería xenos. No tengo claro que ocurrió allí, solo se que hubo un enfrentamiento con la bestia y que la ciudad empezó a sellarse, apenas consiguiendo nuestros hombres escapar y evitar acabar atrapados.

Por suerte, la pieza que buscaba nuestro señor se encontraba en la cámara donde acabaron con la criatura y tras separarse de la eldar, nuestros hombres regresaron a la órbita, donde pudimos acercarnos lo suficiente con nuestra nave y rescatarlos antes que la nave de los Rak´Gol los destruyera.

Extractos de “Diarios de viaje de un tripulante en El Aurora”.

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Brumas pantanosas

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Pasó algún tiempo hasta que Lord Agaton y su séquito se recuperó en las cámaras del oficio medicae de El Aurora. Durante ese tiempo, nuestro señor entabló cierta amistad con un explorador del Mechanicum, llamado M4L4K41 el cual estaba a cargo de la revisión de los aparatos que lo sanaban.

He de reconocer que dicho explorador, como muchos de los de su oficio, es un ser huraño y solitario, mas preferentes de estar en compañía de las máquinas y servidores que de otras personas, con actitudes y comportamientos que no sabría calificar si eran propios de su carácter o que sin embargo disfrutaba intimidando a los demás.

Una vez que nuestro Rogue Trader terminó de sanar, se puso rápidamente en marcha para retomar la carrera hacia ese planeta perdido que le acechaba en sueños. Pasó varias horas, e incluso días reunido con el astrópata y navegante de la nave, así como varios eruditos y expertos que habíamos entre la tripulación.

Estudiamos todas las cartas estelares de las que disponíamos y se hicieron muchas lecturas del tarot imperial. Se buscaron similitudes entre los símbolos alienígenas recogidos por nuestro señor, sin encontrar ningún paralelismo.

Se tardó mucho, pero al final la insistencia de nuestro señor y las habilidades de nuestro navegante dieron sus frutos y se consiguió un punto en el inmaterium, unas coordenadas en el espacio, hacia la que continuar nuestro viaje.

El lugar al que nos dirigíamos se encontraban en la zona de la Expansión Koronus conocida como Heathen Stars. Había escuchado algunas cosas de esta parte del espacio, y ninguna de ellas tranquilizaba mi alma. Nos encontrábamos no solo al borde de la expansión, sino también de la mismísima galaxia, esperándonos mas allá el frío y muerto vacío intergaláctico.

Esta región es famosa por la cantidad de tormentas disformen que la azotan, causantes de que no haya rutas permanentes y fiables dentro de esta zona espacial, por lo que el camino hacia nuestro destino no fue precisamente un camino de rosas.

Al final, llegamos a nuestro destino, se trataba de un planeta dentro de la zona habitable de su estrella, limítrofe con un inmenso campo de asteroides, que era el causante que la totalidad de la superficie planetaria se encontrara marcada con inmensos impactos de meteoritos. A pesar de ello, parecía que el planeta rebosaba de vida, y que en el interior de los craters habían evolucionada una cantidad ingente de formas de vidas, cada una adaptadas a las condiciones propias de su crater.

Pasamos casi de inmediato a realizar barridos, con el auspex de la nave, a la superficie del planeta, sin mucho éxito al principio, no al menos hasta que M4L4K41, detectó un repunte de energía en uno de los cráteres mas grandes que mancillaban la superficie del mundo.

A partir de este momento, solo recibí retazos de información que iban llegando al puente de mando. Al parecer, a las pocas horas de establecer un campamento en la superficie, nuestro hombres se vieron atacados por una oleada interminable de muertos vivientes, a los cuales consiguieron mantener a raya, pero no sin perder a algunos de nuestro compañeros.

Por lo visto, el Rogue Trader y su séquito, consiguieron entrar en contacto con un grupo de humanos que se había estrellado algunas décadas atrás en el planeta. Al parecer, se trataba de una colonia formada por los supervivientes de un regimiento penal, el cual se había amotinado y tomado control de la nave en la que eran transportados, para luego lanzarla contra el planeta.

Fuera como fuese, al final nuestro señor consiguió parte de lo que andaba buscando y sumó una pieza mas al puzzle que era la carta astronómica de los eldars. Nos acercábamos un poco mas a nuestro objetivo y pronto podríamos reclamar un nuevo mundo para El Conciábulo Áureo.

Extractos de “Diarios de viaje de un tripulante en El Aurora”.

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Ratas a la carrera.

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Finalmente, conseguimos llegar al puerto espacial de Footfall, donde nada mas atracar, nos dispusimos a abastecernos de las provisiones y materiales necesarios, tanto para nuestra nave, como para aquellos que habíamos dejado en el Emperor´s Bounty.

Lord Nicolae Agaton Tesla, desembarcó en la estación, seguido de su fiel guardaespaldas Tatiana Serevnikova y el senescal Alessander Monteblanco. Rápidamente entraron en contacto con las autoridades portuarias, que se presentaron a darles indicaciones de cuales eran los pasos a seguir, tras la llegada de una nueva nave a la estación.

No pude enterarme muy bien, que es lo que ocurrió después, pero al parecer, aquellos que tomé por miembros de Administratum no eran otra cosa que una panda de matones y timadores, que se dedicaban a amenazar a todos los que llegaban a los muelles.

Después de aquello, Alessander se quedó haciendo los preparativos para cargar las mercaderías, así como tratar de vender algunas de las que teníamos en la nave. Mientras tanto, Lord Nicolae y Tatiana, se adentraron en las profundidades de la estación, no sin antes contratar los servicios de unos xenos denominados Kroots, como guías y grupo adicional de seguridad.

Lamentablemente, la primera visita de nuestra noble casa a esta instalaciones no había sido del agrado del noble Rogue Trader, y su jefa de seguridad se la veía claramente alterada y malhumorada, debido a la cantidad de problemas que tuvieron al moverse por las calles y pasajes de la estación.

Pero no todo fue malo, pues de esa visita, Lord Nicolae, regresó con una invitación para una fiesta del Liege de Footfall Tanthus Moross, en la que además asistirían varios miembros importantes de la nobleza de la estación.

Parece ser, que en aquella fiesta, nuestro señor consiguió cierta información, de algún tipo de subasta. No conozco la totalidad de los detalles, pero se rumoreaba, que en Footfall habitan siete poderosos psíquicos, a los que los locales llaman, “Las siete brujas”, y que estas raramente hacían lecturas, pero que cuando la hacían grandes recompensas o infortunios, le esperaban a aquellos que las escucharan.

Los detalles que tengo a partir de ahora, no son muy de fiar, pero al parecer, nuestro Rogue Trader consiguió un puesto en la lectura de las brujas a un precio que aún estaría por ver. Tiemblo por los posibles pactos que mi señor haya hecho, puesto que es de conocimiento popular, que es mejor mantenerse alejado de brujos y psíquicos, a no ser que quieras que estos te beban el alma y devoren el tétanos de tus huesos.

Fuera como fueses, nos llegó la orden por radio de empezar los preparativos de partida; y por la actividad que pudimos contemplar en el resto de atraques no debíamos ser los únicos, pues al menos una docena de naves, de distintas casas nobles, nos imitaron en nuestras acciones.

Lord Nicolae y su guardaespaldas Tatiana, llegaron a la carrera y en cuanto entraron en El Aurora, y se sellaron todas las compuertas, procedimos a soltar los cierres y a realizar la maniobra de salida. De repente llegó un mensaje para nuestro señor, y a continuación las baterías del atraque de la estación procedieron a dispararnos. Devolvimos el fuego, pero aún así sufrimos una serie de daños que ralentizaron nuestra partida del sistema.

Nuestro destino era desconocido para todos excepto para el Rogue Trader, y en nuestro viaje duró unas dos semanas de viaje disforme, durante aquella travesía, estuvimos a punto de sufrir un motín, debido a los oscuros rumores que rondaban entre la tripulación, nos vimos envueltos en una batalla espacial, con una nave alienigena que se mantenía oculta a nuestro auspex, y una nave imperial.

Al final, los xenos se retiraron y Lord Agaton, dio la orden de disparar contra el transporte, llamado Gracia de Sophia, no solo poniendo fin a las vidas de dicha nave y a su capitana Madame Charabelle Armelan.

Tras recuperarnos de los daños sufridos durante el combate, procedimos a retomar nuestro rumbo, el cual desembocó en un planeta de exuberancia salvaje y virginal, donde al parecer, ningún humano había puesto el pie hasta entonces, o eso es lo que nos trasmitieron una raza alienígena que estaba en rumbo de salida del sistema. Por desgracia no eramos los primeros, y varias naves de desembarco, de nuestros competidores, se dirigían a tierra para reclamar aquello que estuviéramos persiguiendo.

De nuestros bodegas, partieron dos naves, con mas de 30 soldados en total, junto a nuestro señor y su séquito. Al parecer, ambas se estrellaron a causa de unas extrañas perturbaciones climáticas, y durante los siguientes días, nuestros hombres debieron abrirse paso a través de la mortal jungla, haciendo frente a la fatal fauna que allí habitaba.

Al final, Lord Nicolae Agaton Tesla, consiguió regresar, junto con Tatiana y Alessander, el cual parecía haber sufrido mas que ningún otro las penurias que allí abajo les sorprendió, y un puñado de hombres. Una de las naves se había perdido de manera irrecuperable.

Algo de tiempo después pude enterarme, que en el planeta, no solo tuvieron que enfrentarse a animales asesinos, sino que hubo también enfrentamientos con tropas de otras casas nobles y los infames alienigenas llamados Eldars.

Poco después estábamos siguiendo otro rumbo, hacia zonas desconocidas de la Expansión Koronus, siguiendo las indicaciones que había conseguido nuestro Rogue Trader.

Extractos de “Diarios de viaje de un tripulante en El Aurora”.

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En el estómago de la bestia.

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Tras la recuperación del Emperor´s Bounty, empezaron de inmediato las labores de mantenimiento y evaluación de los principales sistemas de la nave. Los daños que había sufrido eran mas graves de lo que inicialmente se habían supuesto, así que dichas labores habrían de prolongarse varias semanas más, hasta que pudiera ser guiada a los astilleros más cercanos para su completa reparación.

Dejando una dotación mínima, junto con la comida y los recambios necesarios, El Aurora, partió hacia el puerto espacial de Footfall. Pero algo fue terriblemente mal, y en cuanto se abrió el pasaje al Inmaterium la nave se vio sacudida por un fuerte impacto y como si cayera de lo mas alto del firmamento se sumergió en las extrañas mareas del espacio disforme.

El Aurora estaba completamente fuera de control, zarandeada por las salvajes fuerzas de las mareas disformes, nuestro navegante era incapaz de corregir el rumbo o ver hacia donde nos dirigíamos, y todos los intentos por restablecer el control de los sistemas o apagar el motor disforme resultaron infructuosos. Todo indicaba que la maldición del Emperor´s Bounty, había recaido en nosotros.

Tras varias horas de viaje a lo desconocido, los motores disformes se apagaron y entramos en el espacio material con brusquedad, como si de una flecha que atraviesa una tela se tratara. El lugar nos era completamente desconocido, y ninguna luz de estrellas nos esperaba allí afuera. Solamente el maligno resplandor de una estrella negra, que parecía ser el centro del extraño sistema en el que nos encontrábamos.

Casi de manera inmediata, los sistemas volvieron a la normalidad, y parecía que habíamos recuperado todo el control de nuestro navío, pero nada más equivocado. A pesar que todos los sistemas funcionaban con normalidad, la impulsión no respondía y nos encontrábamos varados en este lugar sin estrellas.

Pusimos a funcionar el auspex y este nos reveló la presencia de varios rocas que orbitaban alrededor de las estrella, así como un número considerable de naves, que parecían compartir el mismo destino que El Aurora. En uno de dichos escaneos, se descubrió la existencia de una huella energética en el mayor de los fragmentos rocosos.

Tras dicho descubrimiento, nuestro señor, junto con su senescal Alessander Monteblanco, y varios de los hombres de seguridad, partió a investigar dicha señal.

Al parecer, se trataba de una colonia lunar, que se hundía en las profundidades de la luna rocosa. Los colonos, según pude escuchar mas adelante, llevaban allí generaciones, y eran los descendientes de las antiguas tripulaciones, que al igual que nosotros, habían quedado atrapados en este lugar.

La visita de nuestro señor duró varias horas, y allí se enteró de la existencia de un grupo de supervivientes en una nave cercana a la estrella negra. Al parecer, dichos tripulantes, solo llevaban allí unos pocos años, y se negaban a relacionarse con los colonos a causa del gran número de mutantes que habitaban con ellos.

Sea como fuere, el noble Nicolae Agaton Tesla, consiguió la colaboración de los dos grupos y haciendo uso de los recursos de los que disponía, lanzó un ataque al oscuro astro, con la esperanza que allí residiera el origen de todos los problemas que nos acuciaban.

Según parece, dicha estrella eran una gigantesca estación alienígena, habitada por extraños seres cristalinos y paisajes xenos, que se volvieron contra la expedición, casi desde el mismo instante que posaron los pies en la superficie.

Al final, con la sangre de sus heridas y el sudor de sus esfuerzos, consiguieron abrirse paso hasta la principal fuente de energía de la estrella, donde colocaron un artefacto vortex, que succionaría la estructura alienígena a la disformidad.

Con la brutalidad y la terrorífica espectacularidad de una explosión vortex, fuí testigo de la completa destrucción de la estrella oscura y de los pilones guardianes que la protegían. Recé al Emperador, amado por todos, para que la expedición regresara a salvo y este vió a bien responder a mis plegarias.

Todos regresaron sin graves daños, y el control total de los sistemas regresó a nuestro poder. Agradecido a nuestro soberano divino, el Rogue trader, atacó y destruyó la colonia, para así erradicar la abominación mutante que allí habitaba, junto con los herejes que lo permitían. Los pocos de los colonos que estaban con la expedición fueron ajusticiados de manera sumaria.

Nuevamente El Aurora estaba en camino, hacia su nueva aventura.

Extractos de “Diarios de viaje de un tripulante en El Aurora”.

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La primera incursión.

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Tras dos meses de viaje por el Inmaterium, al fin hemos llegamos a la Expansión Koronus. Nuestra primera parada fue en la estación espacial de Fort Warden, donde procedimos a reponer nuestras provisiones y avituallamientos, y descansar antes de adentrarnos más en esta parte de la galaxia.

Desconozco como ocurrió, pero en algún momento, cayó en las manos de mi señor una información con las coordenadas de una nave perdida, la Emperor´s Bounty. Una vez que nos hubimos aprovisionado y estuvimos listos para continuar el viaje, zarpamos de los muelles de la estación en busca de ese tesoro, que esperaba a que alguien lo reclamase.

Tardamos poco más de una semana, pero al final llegamos a las coordenadas indicadas. Aquella zona conocida como The Battleground, hacía honor a su nombre. Los restos de una antigua batalla se encontraban a la deriva, chocando unos con otros, y camuflando entre sus restos a la nave que era objeto de nuestro deseo.

Tras una series de comprobaciones con los auspex del Aurora, y unos cuantos barridos del campo de escombros, pudimos ubicar aproximadamente la localización de la nave. En cuanto todos estuvieron listos, el noble Rogue Trader Nicolae Agaton Testla, junto con su fiel guardiana Tatiana, un piloto, un tecnosacerdote del Mechanicum y unos cuantos hombres de la dotación de seguridad, partieron, a través de todos los restos, hasta encontrar la Emperor´s Bounty y atracar en el.

Desconozco que ocurrió en el interior de aquella nave, pero al parecer todo indicaba que el navegante había enloquecido y matado a todos los miembros de la tripulación, manipulando de alguna manera el espíritu máquina del cogitador de la nave.

Es terrible cuando la locura reclama a un hombre bueno, pero mas terrible es aún cuando ese hombre tiene a su alance los poderes de un navegante. Todavía no alcanzo a comprender, como esa persona consiguió asesinar a aquellos que acompañaban al Rogue Trader y su guardaespaldas, pero el caso es que solo ellos dos regresaron.

A pesar de la pena por las pérdidas de vidas tanto de la nave recuperada como la de los miembros de nuestra tripulación, el objetivo principal de esta aventura estaba conseguido. Nicolae Agaton Tesla, había sido el primero en llegar a la nave a la deriva y reclamarla, para mayor gloria del Conciábulo Aureo.

Extractos de “Diarios de viaje de un tripulante en El Aurora”.

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Descenso a la oscuridad.

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Hacía pocas semanas desde la llegada de nuestro nuevo señor y siguiendo las órdenes dadas por su abuelo, partimos con premura e ilusión hacia los nuevos territorios. ¿Quién sabía que nos encontraríamos allí y cuales de sus tesoros y peligros contemplaríamos?

Pero todo hombre, incluso un poderoso Rogue Trader se ve obligado a obedecer los mandatos de sus superiores, así que de camino hacia la Expansión Koronus, tuvimos que desviarnos para investigar ciertos problemas que había habido en la mina que el Conciábulo poseía en Sepheris Secundus.

Tardamos pocos en llegar, así que en cuanto estuvimos en órbita y se verificaron nuestras acreditaciones por parte de la Flota Imperial, se permitió bajar al planeta y dirigirse hacia el campamento del 97º Batallon de Cadia, encargado de custodiar la entrada a la mina Gorgónida

Por lo que pude enterarme, había habido una insurrección por parte de los mineros, en el planeta, pero esta había sido rápidamente aplastada por las FDP y los valientes hombres de la Guardia Imperial. Se dice que la batalla de la mina Gorgónida fue una de las mas cruentas y sangrientas, e incluso que no todos los rebeldes eran únicamente humanos. Durante los años siguientes a la rebelión, oscuros rumores acerca de los mineros y las prácticas que llevaban a cabo en las profundidades circularon y se pronunciaron entre susurros.

Fuera lo que fuese aquello que ocurrió durante la rebelión, el mandato al Rogue Trader, era claro. Bajar a la mina Gorgónida, asegurarse que todo era correcto para una inspección posterior, por parte de las fuerzas imperiales y evitar el cierre de esta.

Así, que junto a la compañía de Tatiana Serevnikova, quien con el tiempo demostraría ser una de las mejores guardaespaldas del Conciábulo, y uno de los misioneros que había en El Aurora, el Rogue Trader Nicolae Agaton Tesla, se adentró en las entrañas de la mina, a pesar de los esfuerzos por parte de los oficiales de la Guardia en contra de ello.

Desconozco que clase de cosas se encontraría allí abajo, pero recuerdo como a su regreso tanto el Rogue Trader como Tatiana presentaban símbolos de lucha. Del misionero nunca más se supo, lo único que llegó a trascender es que su muerte había sido heroica.

En su momento no le dí demasiada importancia, pero algo había cambiado en la aptitud de nuestro señor, era algo sutil, algo que iría creciendo con el paso del tiempo.

Extractos de “Diarios de viaje de un tripulante en El Aurora”.

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Todo viaje comienza con un primer paso.

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Todavía recuerdo cuando el mando de la antigua y majestuosa nave El Aurora fue puesta al cargo del honorable Rogue Trader Nicolae Agaton Tesla, tercer hijo del Señor de la cuarta flota Áurea y soberano de la luna de Karltenion Vladimir Agaton Moravia.

Su encargo, otorgado por el Lord dirigente del Conciábulo Áureo, Maestro del conocimiento de la flota y Guardián de las tradiciones Marcón Agaton Sadabria, que a su vez era su abuelo, era el de partir hacia la Expansión Koronus en busca de riquezas y nuevos mundos que traer al Conciábulo y a la luz del Emperador de Terra.

Mucho era lo que nos preguntábamos sobre nuestro nuevo señor y sobre su carácter. ¿Sería alguien bondadoso o estricto, estaría su valor a la altura de las hazañas que en el pasado había realizado la gloriosa nave que se le entregaba, de quién se rodearía para que fueran sus fieles consejeros?

De aquel principio y de todo lo que vendría después hace ya mucho tiempo que ocurrió, pero heme aquí, en el otoño de mis días, que quiero descargar mi atormentada mente y alma, antes que el Divino Emperador me llame a reunirme con el en los sagrados salones dorados.

Extractos de “Diarios de viaje de un tripulante en El Aurora”.

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