Los secretos del Aurora.

La X marca el tesoro.

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Al fin, después de tanto tiempo persiguiendo este esquivo mundo, de tantos sacrificios y penurias, de tantos muertos, El Aurora divisó la figura del planeta prometido, del mundo conocido como Dread Pearl.

Era hermoso, con enormes mares llenos de vida e islas cubiertas en su totalidad de bosques primigenios y cargados de dulces frutos, en cuyo aire resonaban el millar de cantos de aves nunca vistas.

Por desgracia, no éramos los únicos que nos encontrábamos allí. Varias naves de otros Rogue Traders, que al igual que nosotros habían partido en su búsqueda, habían conseguido llegar a este mundo de belleza, para de inmediato empezar a saquearlo.

Me avergüenza reconocer que Lord Agaton, no era muy distinto al resto de ellos y de inmediato mandó descender a una fuerza de exploración y a sus hombres de confianza para que cogieran y reclamaran todo aquello que pudiera serle de valor a el o al Conciábulo Áureo.

En la superficie, todo parecía tranquilo, y en un principio nos pensábamos que dicho mundo estaba deshabitado, pero nos equivocábamos. Una primitiva cultura humana se había desarrollado en los atolones de los mares de este planeta, adorando a los antiguos que habían creado al mundo y en cuyos templos dejaban ofrendas a la espera de su regreso.

Dejando a los indígenas tranquilos, Alexander, Tatiana y M4L4K41 exploraron el interior de una de las islas, en la cual habían contemplado, al sobrevolarla, la existencia de unas ruinas pertenecientes a una sociedad más avanzada que la de los humanos que allí vivían.

No se extrañaron demasiado cuando comprobaron que dichas ruinas pertenecían a los eldars, puesto que eran muy similares a otras construcciones anteriores, que de ellos se habían encontrado en otros mundos. A pesar de ser antiguos, los edificios habían conseguido sobrellevar el paso de los milenios, y las muchas estatuas que de guerreros que en ellas se guardaban permanecían intactas.

Con una orden, se comenzó a cargar dichas estatuas en los guncutters y se las trasladó al interior de nuestra nave. De repente, una formación de naves de uno de los otros Rogue Traders, empezó a bombardear la superficie del planeta, con cuyo objetivo desconozco.

Entonces, todo empezó a ir mal. Tras el bombardeo, todos los asentamientos que lo habían visto, comenzaron a moverse a una de las mayores islas, dirigiéndose a los restos de un antiguo templo eldar.

Alexander y sus compañeros, se dirigieron hacia dicha isla, con la intención de poder calmar a las tribus y conseguir algún tipo de beneficio, pero allí, surgida de una cegadora luz, apareció una figura vestida con una elaborada y exquisita armadura eldar.

Habló ante todos los que había allí y les apremió a huir mientras pudieran, pues según ella, ese mundo les pertenecía y habían venido a reclamarlo, antes que volviera a quedar aislado del resto de la galaxia por las tormentas de disformidad. Alexander se dirigió hacia la alienígena, apelando a su piedad para con los habitantes del mundo, pero ella o no le escuchó, o no le hizo caso.

Una vez, hubo dicho sus palabras, las estatuas de los guerreros que se habían ido encontrando por las distintas islas, adquirieron vida y comenzaron a disparar sus armas de energía demoníaca hacia cualquiera que se pusiera a su alcance, no teniendo ninguna piedad y sin hacer distinción entre mujeres, ancianos o niños.

A toda prisa y sin mirar atrás, M4L4K41, Alexander y Tatiana, llegaron a su transporte, donde ordenaron a las guncutters del Aurora que regresaran a la nave, pero por desgracia, ya era tarde para esos hombres.

Una de las guncutter se encontraba en llamas en la misma orilla en la que había aterrizado y los restos carbonizados de sus tripulantes se encontraban esparcidos por las blancas arenas de la playa, ahora manchadas de rojo, o flotando a la deriva en las inapropiadamente tranquilas aguas tropicales, de ese mundo. La segunda lanzadera, la vieron flotando a la deriva en una órbita inestable cuyo rumbo la llevaría en poco tiempo a incinerarse a causa de la fricción con la atmósfera.

El regreso a la nave madre, no fue fácil, puesto que al ascender, el Aquila Lander en el que viajaban fue atacado por un caza eldar, aunque gracias a la pericia del piloto y a los rezos de este al Emperador, consiguió eludirlo y salir del planeta.

Mientras todo esto ocurría en la superficie, en nuestra nave sucedía algo muy similar. Las estatuas que se habían cargado y trasladado a una de las bodegas, había adquirido vida y empezado a avanzar por los corredores, disparando y matando a quienquiera que se pusiera en su camino.

Rápidamente se inició un contraataque, pero los alienigenas eran fuertes y resistentes, y las fuerzas de seguridad de la nave solo consiguieron retenerlas en los niveles cercanos a la bodega de carga.

Al final, tras varias horas de lucha y sobre todo, gracias a las pericias marciales y de mando de Tatiana Serevnikova, Alexander Monteblanco y el explorador del mechanicum M4L4K41, se logró derrotar a esos seres y destruirlos por completo.

Pero fue una victoria amarga, he de reconocerlo. Todo por lo que habíamos pasado, todo a lo que nos habíamos enfrentado y todos los que habían muerto, para acabar de este modo, sin nada ganado y mucho perdido.

Extractos de “Diarios de viaje de un tripulante en El Aurora”.

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SrCaos SrCaos

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