Los secretos del Aurora.

Brumas pantanosas

619813.M41

Pasó algún tiempo hasta que Lord Agaton y su séquito se recuperó en las cámaras del oficio medicae de El Aurora. Durante ese tiempo, nuestro señor entabló cierta amistad con un explorador del Mechanicum, llamado M4L4K41 el cual estaba a cargo de la revisión de los aparatos que lo sanaban.

He de reconocer que dicho explorador, como muchos de los de su oficio, es un ser huraño y solitario, mas preferentes de estar en compañía de las máquinas y servidores que de otras personas, con actitudes y comportamientos que no sabría calificar si eran propios de su carácter o que sin embargo disfrutaba intimidando a los demás.

Una vez que nuestro Rogue Trader terminó de sanar, se puso rápidamente en marcha para retomar la carrera hacia ese planeta perdido que le acechaba en sueños. Pasó varias horas, e incluso días reunido con el astrópata y navegante de la nave, así como varios eruditos y expertos que habíamos entre la tripulación.

Estudiamos todas las cartas estelares de las que disponíamos y se hicieron muchas lecturas del tarot imperial. Se buscaron similitudes entre los símbolos alienígenas recogidos por nuestro señor, sin encontrar ningún paralelismo.

Se tardó mucho, pero al final la insistencia de nuestro señor y las habilidades de nuestro navegante dieron sus frutos y se consiguió un punto en el inmaterium, unas coordenadas en el espacio, hacia la que continuar nuestro viaje.

El lugar al que nos dirigíamos se encontraban en la zona de la Expansión Koronus conocida como Heathen Stars. Había escuchado algunas cosas de esta parte del espacio, y ninguna de ellas tranquilizaba mi alma. Nos encontrábamos no solo al borde de la expansión, sino también de la mismísima galaxia, esperándonos mas allá el frío y muerto vacío intergaláctico.

Esta región es famosa por la cantidad de tormentas disformen que la azotan, causantes de que no haya rutas permanentes y fiables dentro de esta zona espacial, por lo que el camino hacia nuestro destino no fue precisamente un camino de rosas.

Al final, llegamos a nuestro destino, se trataba de un planeta dentro de la zona habitable de su estrella, limítrofe con un inmenso campo de asteroides, que era el causante que la totalidad de la superficie planetaria se encontrara marcada con inmensos impactos de meteoritos. A pesar de ello, parecía que el planeta rebosaba de vida, y que en el interior de los craters habían evolucionada una cantidad ingente de formas de vidas, cada una adaptadas a las condiciones propias de su crater.

Pasamos casi de inmediato a realizar barridos, con el auspex de la nave, a la superficie del planeta, sin mucho éxito al principio, no al menos hasta que M4L4K41, detectó un repunte de energía en uno de los cráteres mas grandes que mancillaban la superficie del mundo.

A partir de este momento, solo recibí retazos de información que iban llegando al puente de mando. Al parecer, a las pocas horas de establecer un campamento en la superficie, nuestro hombres se vieron atacados por una oleada interminable de muertos vivientes, a los cuales consiguieron mantener a raya, pero no sin perder a algunos de nuestro compañeros.

Por lo visto, el Rogue Trader y su séquito, consiguieron entrar en contacto con un grupo de humanos que se había estrellado algunas décadas atrás en el planeta. Al parecer, se trataba de una colonia formada por los supervivientes de un regimiento penal, el cual se había amotinado y tomado control de la nave en la que eran transportados, para luego lanzarla contra el planeta.

Fuera como fuese, al final nuestro señor consiguió parte de lo que andaba buscando y sumó una pieza mas al puzzle que era la carta astronómica de los eldars. Nos acercábamos un poco mas a nuestro objetivo y pronto podríamos reclamar un nuevo mundo para El Conciábulo Áureo.

Extractos de “Diarios de viaje de un tripulante en El Aurora”.

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SrCaos SrCaos

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